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29 de junio de 2010


Verdad es la que nos cuentan… Verdad es la que sentimos… O tal vez todo es una gran mentira…
¿Cuál es tu verdad?
Nacimos y vivimos inmersos en cuento que nos cuentan, de victorias y guerras ganadas… De un pasado que fue, pero… ¿será?
Vivimos con el dolor de la incógnita, con el dolor del misterio, de la duda, del no saber…
Y crecemos olvidando, crecemos… Derribando esas dudas, convirtiéndolas en mentiras certeras…
Y transformamos ingenuamente, y porque tiene que ser, esas armas que antes nos lastimaban en parte de nuestra historia. Y así seguimos escribiendo… Letra por letra, y palabra por palabra, todas las mentiras que creemos verdad. Ahora me pregunto, donde está esa verdad verdadera, sin filtro, sin subjetividades, sin que nadie nos la cuente…
¿Estará en el corazón? ¿En el alma? ¿Es el alma acaso portadora de verdad y de insolvencia? ¿Será que la verdad carece de estructura porque en verdad no existe?
¿Y si es la verdad tan abstracta como el alma? ¿Por qué pesa? ¿Por qué las necesitamos tanto?
¿Por qué nos es tan necesario creer en algo?
En algo tan verdadero como el alma, y tan insolvente como la verdad… Es la fe, o la esperanza, de que vamos a encontrarnos con nuestra verdad verdadera, esa que no nos cuenta nadie… Que vivimos porque somos de verdad… Esa realidad inalterable, que escapa a nuestros 5 sentidos… Y que logramos percibir igual…
¿Por qué se nos escapa la verdad? Es tan inalcanzable como la plenitud del alma o solamente es traviesa, y le gusta jugar…
Será entonces la vida un juego, que busca permanentemente a la verdad. Y somos nosotros lo que vamos a encontrarla, o es ella la viene a nuestro encuentro…
¿Cuál es el momento de despertarnos?
¿Es el amor la llave, o será el cerrojo?
Cuantas preguntas… Vivimos un grito, buscando una pregunta que nos haga despertar… Es esa y solamente esa pregunta la que destraba el cerrojo, y nos libera… A un nuevo mundo, sin mentiras o sin verdades, o quizás, un mundo sin nadie que nos cuente nada… Porque somos almas libres, que por si solas pueden percibir de que lado estar… Porque somos tan puras, que logramos traspasar sin miedo alguno, la incognita mas perturbadora…
Yo quiero ser alma, quiero ser amor… Quiero ser duda, y encontrar respuesta… Entonces, está en otros esa respuesta… Esta en el cerrojo… único para mi llave… Mi verdad absoluta, mi alma gemela, mi pregunta, mi respuesta…

11 de mayo de 2008

Autobiografía de un Ángel Caído...

Creo todo empezó cuando comencé a hablar... ¡Tuve tantos silencios!... O cuando empecé a
caminar... ¡Tuve tantas caídas!... No solo la vida me robo la inocencia... Y sentado en mi
Infinita soledad... solo, sólo dejé caer lárgimas aladas de mis ojos... Me oculté en un reflejo
que escondió todas mis verdades... Me oculté tras mi rostro... Soy la verdad que pocos ven... Y
la mentira que a muchos muestro... Pero real cuando me encuntran... Y a pesar de todo Sonreí...
Luego quien tenia que cuidarme... Fue quien más me golpeó... Ambos lastimaron un cuerpo que
despues jamás valoré... Y a pesar de todo Sonreí... en soledad no lo recuerdo... Aprendí a
aprender y sólo era eso y mis silencios... Guardé mi alma en palabras y hojas de árboles azules
(lo mejor que tengo de mí)... Y cuando un beso me despertó triste me conocí diferente... y mi
cruz de niño se sintió culpable de mi tristeza... Perdido Intenté perderme Luego de dar un
beso,buscando un abrazo... Cai.... y siempre me levanté... Deje mis lágrimas bajo un puente...
Pero a pesar de todo sonrei... Entre pasos y escollos descubri la amistad... todo y en cada
persona, momentos inolvidables... Dije una vez "te amo" para descubrir que es amar y lo dije mil
veces mas para olvidarlo... Vi a otros angeles sonreir... vi su lucha... y me enseñaron a luchar


Éste es un fragmento, en realidad omití las últimas dos lineas que eran las únicas en las que no me sentí identificado... de Autobiografía de un Ángel Caido... De Alexis Montanegro.


UNO LOS LOS GRANDES LITERATOS QUE VA A TENER EL SIGLO 21...

11 de marzo de 2008

Psicosis


Son la una y treinta y nueve minutos del veinticuatro de agosto del dos mil seis. Estoy mirando unas cientas de miles de millones de estrellas, mientras viajo con una hamaca en un sinfín de idas y venidas. El día termina. Mi casa a unas pocas cuadras. El reloj corriendo. El cambio de miércoles a jueves. Un viento cálido que me anima a que la noche no acabe nunca. Más de veinte grados me abrigan en el ocaso del invierno. Mi mente vuela y se va con la brisa, se estrella luego contra mi mismo y embebe con vértigo mi cuerpo, para más tarde, chocar contra mi nuca y volver a empezar. En pocos minutos, el ciclo se convirtió en rutina y empezó a ahogarme. La magia de la noche se convirtió en la oscura soledad de ésta, y el viento en un mero recuerdo que te invade con melancolía. Diosa de la depresión, la noche seduce y uno cae en su encantamiento. Encerrado en ella, ya es tarde. Las sombras, llenas de nostalgia, lo atraviesan a uno como si fuese de papel. Nos asaltan los fantasmas de la vida, los más profundos miedos, los más recónditos secretos, y así sin darnos cuenta, canta victoria la noche.
Logré levantarme de la hamaca, aunque algo me atraía a ella como suponiendo lo que iba a pasar. Corrí hasta la avenida más cercana. Estiré la mano, paré un taxi. Una voz seca preguntó mi destino. Zuviría y Carabobo creo haber pronunciado. Las horas pasaban y yo seguía sobre el taxi. Falta mucho pregunté… creía estar a unas pocas cuadras de mi domicilio. El hombre me miró con un extraño semblante. No sé si me creyó loco o estaba más perdido que yo en este momento. ¿Dónde estamos? Pregunté. Ya estamos llegando faltan unas pocas cuadras. El tiempo volvió a marchar deprisa. Mi cuerpo estaba entumecido de pasear en taxi, pero no respondía. Me dolían los huesos como si hace días viajara en él. Pregunté nuevamente… ¿Dónde estamos? A un par de cuadras me respondió el taxista. Cerré los ojos por un lapso considerable. Era imposible que tomando un taxi a seis cuadras de mi casa viajase durante lo que yo sentía noches. Miré el taxímetro. Estaba apagado. Advertí al conductor quien me pidió por favor bajase del su auto. Accedí a su petitorio. Estaba aún en la plaza. Volteé para despedir al taxista pero ya no estaba. Giré y la plaza tampoco. Roté mi cabeza y me encontré en la puerta de mi casa. Quise entrar pero la llave no servía. Temía mirar atrás. Eché un vistazo al cielo y al bajar la vista, el piso había cambiado. Me aferré al manijón de la puerta, no lo podía perder. Me abracé a él y me encontré subiendo al taxi. El portazo que rebota y queda la puerta mal cerrada. El chofer que me exige cerrarla bien. Bajo del auto. La plaza no estaba, mi casa menos aún. Olviden al taxi, a la hamaca o al viento.

7 de marzo de 2008

Encontrarse...

Después de mucho tiempo volver a encontrarme conmigo mismo. Un fuego tenue me acompaña, a mí y a mi cuaderno, ya una sola alma a esta altura de la noche. El día deja trás de si decenas de recuerdos. Algunos que irán sucumbiendo a la par del segundero, y otros, que una y otra vez, resusitarán para azotarme. Reminiscensias del ayer que hoy, quién sabe porqué hoy, desean derribarme.Entre las llamas descubro sombras, sombras que dibujan mis sueños; esas fantasías de un joven de 19 años...Intento escapar, huir de los encantos de la noche y de la ficticia privacidad que me da mi cuaderno, pero es demasiado tarde. Las letras fluyen por los pálidos renglones como si éstos ya las conocieran...La pasión recorre mi cuerpo, el frío me invade, y ya no siento mis dedos... Mis labios resitan poesías, y mis mas antiguos cuentos... Pero el cuaderno quiere contar sus secretos...Si mis cientos de cuadernos hablaran... Suspiro, miro el techo.El fuego hace chispas intentando incentivarme, el silencio me recuerda, susurrandome al odio que estoy solo con mi cuaderno. Apago el celular, corto la luz, detengo el tiempo. Se rompe una llave, quiebra el silencio, se abre una puerta y por ella entra el viento. Recorre la casa hasta abrir un cuaderno. Así se abrió el primero... Simpático él... Muy confundido, diez años hace de ésto... Con sus tapas regordetas y en lo precario de sus cuentos, se escabuyen entre CRISTAL Y CONFECIO mis mas ocultos miedos. Se esboza un pasado que no existe, un futuro que no viene y un presente en el que hay que elejir. No hubo respuestas y hubo encierro. Aprendida la lección el chico siguió creciendo. Sin diálogo con ningun Dios, el pequeño creo su propio infierno. Volvieron tiempo difíciles y con ellos los cuadernos. Los renglones, barrotes para mis sentimientos me hicieron creer que debía confiar solo en ellos. Ya no tan chico, pero no tan experto, combatí mi inconsiente sepultandolo con mis mas dolorosos recuerdos. El adolescente se hizo fuerte, se olvidó de adolescer, demostró carácter, valor, seguridad... Todo inexistente... Noche a noche, las certezas se transformaban en dudas, el valor en miedos, y el carácter en esas lágrimas que cada letra secaba... Mi birome un arma, y en mis ojos el cielo. Una hoja sin margen y un punto final en el medio. El amor, el querer, el sentir, el hacer y EGO SUM EGO, "Un Encuentro muy Cercano", polar y "La Vida en Blanco y Negro", "CONFECIO" reformulado, "Por Sangre Asesino", y el gran Montenegro, Y en lo real de todo ésto, un Joven...

Un joven que siendo joven, se olvida de que está muerto...

2 de mayo de 2007

Son las dos y nueve minutos del dos de mayo del dos mil siete. Estoy mirando unas cientas de miles de millones de estrellas, mientras viajo con una hamaca en un sinfín de idas y venidas. El día termina. Mi casa a unas pocas cuadras. El reloj corriendo. El cambio de miércoles a jueves. Un viento calido que me anima a que la noche no acabe nunca. Más de veinte grados me abrigan en el ocaso del otoño. Mi mente vuela y se va con la brisa, se estrella luego contra mi mismo y embebe con vértigo mi cuerpo, para más tarde, chocar contra mi nuca y volver a empezar. En pocos minutos, el ciclo se convirtió en rutina y empezó a ahogarme. La magia de la noche se convirtió en la oscura soledad de ésta, y el viento en un mero recuerdo que te invade con melancolía. Diosa de la depresión, la noche seduce y uno cae en su encantamiento. Encerrado en ella, ya es tarde. Las sombras, llenas de nostalgia, lo atraviesan a uno como si fuese de papel. Nos asaltan los fantasmas de la vida, los más profundos miedos, los más recónditos secretos, y así sin darnos cuenta, canta victoria la noche.
Logré levantarme de la hamaca, aunque algo me atraía a ella como suponiendo lo que iba a pasar. Corrí hasta la avenida más cercana. Estiré la mano, paré un taxi. Una voz seca preguntó mi destino. Zuviría y Carabobo creo haber pronunciado. Las horas pasaban y yo seguía sobre el taxi. Falta mucho pregunté… creía estar a unas pocas cuadras de mi domicilio. El hombre me miró con un extraño semblante. No sé si me creyó loco o estaba más perdido que yo en este momento. ¿Dónde estamos? Pregunté. Ya estamos llegando faltan unas pocas cuadras. El tiempo volvió a marchar deprisa.
Mi cuerpo estaba entumecido de pasear en taxi, pero no respondía. Me dolían los huesos como si hace días viajara en él. Pregunté nuevamente… ¿Dónde estamos? A un par de cuadras me respondió el taxista. Cerré los ojos por un lapso considerable. Era imposible que tomando un taxi a seis cuadras de mi casa viajase durante lo que yo sentía noches. Miré el taxímetro. Estaba apagado. Advertí al conductor quien me pidió por favor bajase del su auto. Accedí a su petitorio. Estaba aún en la plaza. Volteé para despedir al taxista pero ya no estaba. Giré y la plaza tampoco. Roté mi cabeza y me encontré en la puerta de mi casa. Quise entrar pero la llave no servía. Temía mirar atrás. Eché un vistazo al cielo y al bajar la vista, el piso había cambiado. Me aferré al manijón de la puerta, no lo podía perder. Me abracé a él y me encontré subiendo al taxi. El portazo que rebota y queda la puerta mal cerrada. El chofer que me exige cerrarla bien. Bajo del auto. La plaza no estaba, mi casa menos aún. Olviden al taxi, a la hamaca o al viento.

25 de abril de 2007

Cementerio...

When the bells rang everybody go out from the graveyard, everybody unless them…

Era once de diciembre de ya no me acuerdo que polvoriento año… Estaba en el cementerio acompañado de una de esas personas con la cual uno se siente bien… No sé si por amor a la vida o a la muerte, no sé porqué esa tarde, no sé porqué con él. Recuerdo el color de sus ojos a plena luz del sol. No podría definirlos con otra palabra que verde cementerio. Ojos color clima, color sentimiento. Entraron a esa amalgama de monumentos y se transformaron en una puerta más de los tristes mausoleos. Traspasaron el umbral de la recepción y comenzaron a revivir a todos esos muertos. Una mirada compasiva que les daba paz, una mirada destructiva que los enterraba y liberaba de este mundo. Una mirada… Nada más… El tiempo parecía congelarse cada vez que él se asomaba a una bóveda. Los candados, corruptos por el óxido, parecían abrirse ante él. Suspendidos nosotros y los pobres muertos en una pausa del tiempo, la tierra seguía girando y el sol con ella, y sonaron las campanas de las seis.
¡Señores el cementerio ha cerrado, diríjanse a la salida por favor! Pasó gritando un sereno. La tarde nos daba la despedida. Las estatuas lloraban de dolor. Todos se iban y nadie saludaba a los muertos. Escapamos del vigía en busca de nuestra última victima. Y allí, enterrada sin haber muerto, una niña juega a las escondidas detrás del mármol que lleva su nombre. El viento nos cuenta en secreto la historia de la pobre niña. No terminó de nacer, jamás llegó a vivir, nunca pudo morir. Pero fue encerrada en una eternidad que ayer se llamó pasado y mañana se llamará futuro. Mis ojos se llenaron de lágrimas, el verde se convirtió en gris y una voz nos llamó desde adentro. La puerta entreabierta, lo suficiente para ver el castigo de la niña malcriada pero confinándola al encierro eterno. La niña sonrió al ver que a alguien le importaba y dejó caer, desde dentro de la desintegrada tela de su ropa, una rosa negra. La tomé entre mis manos, me manché de ceniza y segundos después, sangre rojo carmesí fluía por culpa de una espina fuerte como hace cientos de años. Mi alma en ella, hizo revivir la rosa. Una rosa rojo terciopelo brotó entre mis manos. Se escuchaba la carcajada de la pequeña retumbar desde adentro de su tumba. Era hora de irse… Todos, todos salimos del cementerio. Todos salvo ellos que se quedan día tras día a dormir, y las flores que nacen entre las grietas de la muerte…

Juan Francisco Zacarías - Dedicado a Emiliano Ojitoz que hoy cumple Años...

24 de abril de 2007

El Mitín de la Plaza

Me Gusto Más Esto... Después posteare otras cosas...


Era una noche de verano de luna llena. Hacía mucho calor. Mi nombre, Juan, un rubio de ojos claros, narciso, egocéntrico, soberbio, muy orgulloso de sí mismo.
La angustia y algunas penas pesan más que un efímero momento de felicidad. Se acercan las doce de la noche y deprimido parto rumbo a donde sea, para despejarme un rato y tomar aire. La luz de la luna ilumina mi camino. Caminaba por Bilbao y me crucé de repente con la plaza Misericordia. Dentro de su negrura, vi esbozarse unas hamacas. Subí las escalinatas, apuré el paso entre los bancos de plaza para llegar a la parte de juegos infantiles. No sé si era una regresión o simplemente necesitaba una hamaca para sentir que levantaba vuelo y partía de esa realidad agobiante. Entré a la jaula. Cuatro hamacas había pero también cuatro personas en ellas. Una chica joven, ligera de ropas de pelo negro y largo. Un chico de no más de veinte años, rapado y de tez pálida. Una mujer de cuarenta y largos, que no llegaba a ver porque la luz y la distancia no me lo permitían. Y un hombre en sus veintitantos años vestido con ropa de marcas sumamente costosas. Las cuatro hamacas ocupadas me obligaron a sentarme en la punta de uno de los toboganes. Prendí un cigarrillo. Fue el más caro de mi vida. No terminé de prenderlo para que el hombre de veintitantos me pidiese uno, luego la mujer cuarentona, y más tarde los dos más jóvenes. Cinco rojizas lucecitas se veían entre los árboles de la plaza. Pasaba el tiempo y el rechinar de las hamacas ya nos estaba volviendo locos a todos. El hombre cuarentón no se movía sobre la hamaca.
- ¡Por favor paren! - Gritó él. Y se paró dispuesto a irse.
- No, vení, ya está - Le dijo la chica más joven. Y aprovechó para manguearme otro cigarrillo.
- Me llamo Laura – Dijo la chica joven.
- Gonzalo... - Se presentó el hombre cuarentón.
- Me llamo Juan, ¿Qué tal?
- Yo soy Cecilia. - Dijo profundamente avergonzada la mujer cuarentona.
- Yo Damián. – El chico joven que nos quedaba sin presentarse nos dio su nombre.
De un minuto a otro, dejamos de ser cinco desconocidos y pasamos a ser Laura, Damián, Cecilia, Gonzalo y yo, Juan.
El silencio volvió a tomar las riendas de la noche. Las horas pasaron y se me ocurrió sacar tema de conversación.
- Perdón... ¿Alguien tiene hora?
- Son las tres y cuarto. Dijo Laura, la chica joven.
- Gracias... ¿Qué hacés tan tarde acá?
- ¡Qué te importa nene!
- No le contestes así al pibe. Estamos todos con una cara de amargados que no podemos levantarlas ni siquiera, el silencio nos está matando a todos y te lo preguntó de onda. No des bola pendejo.- Dijo Gonzalo.
- Tenés razón. Perdoname Juan... ¿Juan te llamabas no?
- Si Laura. Gracias Gonzalo. Pero...El desubicado fui yo asique... Todo bien.
- ¿Qué todo bien guacho? Se re bardeó la puta esta.- Dijo Damián.
- ¡Eh! Si la vas a bardear pibe, te saco a golpes.- Contestó Gonzalo.
- Tiene razón, no tenía porqué contestarle así a Juan, a demás... Si, soy puta... ¿Y qué?
- Todo piola, pero cual hay... Te le hacés la loca al pobre pibe.
- Ya le pidió perdón no la escuchaste. - Dijo Cecilia.
De repente estallaron las caras de angustia en una conversación interesante.
Uno a uno, nos fuimos presentando. Laura comentó que era prostituta y que estaba en la plaza porque ese día no tenía que estar trabajando.
Yo comenté que estaba allí porque los problemas me alienaban y necesitaba aire fresco. Lamentablemente la calle era mi único refugio en esos casos. Damián me interrumpió comentando que diera gracias a Dios de que podía tomar aire fresco para calmar mis penas y no recurría a otras herramientas que tenían un efecto un poco más… pasajero. Siendo que todos tenemos problemas dijo Gonzalo debería confesar entre ustedes, que tengo la necesidad de robar, no es que me guste, mi familia lo necesita. Ya que hablamos de porqué no estamos allá afuera, lejos de esta jaula, con toda la gente, tendría que agregar a mi discurso el hecho de que soy homosexual... Dijo Juan tímidamente.
- ¿Y vos Cecilia quién sos? - Preguntó Damián.
- Yo creo que querés entrar a la conversación pero tenés mucho miedo. No sé si de nosotros, o de vos misma pero tenés mucho miedo. ¿Quién sos Cecilia? Como verás no vamos a asustarnos ni que seas asesina ni que seas violadora...-
Juan fue interrumpido por una palabra casi en susurro.
- Violada.
- Estás adentro entonces...- Dijo Juan irónicamente.
Cecilia se acercó a la ronda que se había formado en el piso. Me llamaron la atención sus dientes. Luego me di cuenta de que llamaban la atención, por el color chocolate de su piel.
- Vos no te llamás Cecilia…- Dije repentinamente…
- No, mi nombre real es Mahalia.
El amanecer ya estaba asomándose y con él, la despedida.
Llegando casi al final de esta historia, el rubio se paró en medio de esa ronda. Entre sus pálidos labios, se esbozó una leve sonrisa y a viva voz comentó que había algo que aún le molestaba, una duda, un interrogante...
Este mismo rubio, meses después del episodio, esboza nuevamente esa pícara sonrisa llegando a esa parte del relato, mientras frente a un espejo lo repite incesantemente.
Su duda era simplemente, qué los había reunido allí. No fue casualidad que un homosexual, un ladrón, una abusada, un drogadicto y una puta se conociesen ese día en ese lugar. ¿Por qué ellos y no otros? ¿Por qué ese día, en ese horario habían ido allí?
¿Por qué la situación dejó que se conociesen? ¿Por qué el destino quiso que se encontrasen?
El rubio quiebra en carcajada, se mira al espejo, admira su belleza y deja entrever que la respuesta a todo esto, es la misma que a la de porqué vos estás leyendo esto.
¿Qué tenían en común que hizo que se juntasen?
Lamento informarte, escribe hoy el rubio, que nuestra única similitud fue la que hizo que a vos te gustara esta historia. Lo único que nos unía, era simplemente que éramos diferentes de los demás.
No sé si para bien o mal pero gracias a Dios, si crees en él, somos algo distinto a todo lo normal. A lo que entra en los parámetros de tu definición de normal. Gracias a nosotros, que tuvimos la fuerza para asumirnos como diferentes y luchar por ello. La vida nos convirtió en algo distinto, algo único, nos convirtió en algunos con el valor suficiente para hablar de nosotros, nuestra historia, y gracias a ella, la posibilidad de demostrarle al resto de lo común, que existe la diversidad, y quiérase o no hay algo más de lo que suponen que hay.
Gracias a la vida que estás leyendo esto, y te estás enterando que estás cosas pasan, pueden pasarte, por ahí, te pueden tocar.
La charla está resumida porque la vida, y mas que nada la historia es de cada uno. Pero con esto, lo único que el puto, la puta, ¡Cecilia!, el falopero y el chorro esperan es que por una sola vez, pienses que puede haber algo más.

16 de abril de 2007

Soy Yo...

Mi nombre es Juan Francisco Zacarías.
Soy uno de esos a quienes no les gusta pasar desapercibidos pero al mismo tiempo buscan tener un perfil bajo. Esos que hacen, hacen y hacen pero nunca llenarán sus bocas con lo que han hecho. Un decidido sumamente inseguro, que oculta sus dudas detrás de un velo de soberbia sustentada y una personalidad bastante fuerte, voy de frente, digo las cosas como son, digo lo que siento y pienso... me juego por la gente, soy generoso y me entrego al primer mimo....Perdono TODO, no escondo nada, soy lo que ven con sus pro y sus contras...

Egocéntrico, narciso, de humor cambiante, dicotómico, histérico, pedante e irónico si se me provoca... hiriente, cínico, sádico, vengativo, astuto, poco demostrativo, me gusta llamar la atención pero no suelo darme a conocecer...
Frente a mi, ella.
Una mujer de silueta esbelta, pelo largo y oscuro, tez pálida cual el color de la luna, y unos ojos celestes muy profundos.
Ella, vulgarmente llamada la voz de mi conciencia, de mi inconciencia, de mi deseo, de mi lujuria, llamada yo.
Sentada moviendo sus piernas, que cuelgan de la cornisa de un antiguo puente de quien sabe que ciudad devastada, me mira y sin la necesidad de hablarme trasmite hacia mi toda su quimera.
Somos dos antitesis simbióticas. Donde cada uno depende y maneja al otro con un encanto particular. Mi ser inseguro no puede huir de ella. Para hacerlo debería distraerla con algo de lujuria, un poco de inteligencia, demasiada astucia, y esa identidad que a ambos nos hermana. Noche de luna llena, dieciocho años después de haberla conocido, decido, sí, decido escapar de ella.
Me fugo de ella luego de haber montado un plan que involucraba todo lo antes mencionado. Y gracias a todo eso, segundos después de no verme en ese mismo lugar de siempre ella comienza la persecución.
La cacería se hace larga, dura días. Me hostiga, me asfixia, cada vez la tengo más cerca. Y esa noche… desistí de mi huida.
Mi voz, perturbada por miedo, ira y angustia, rompió el silencio de esa noche con un basta desesperado.
Se escuchó su eco a lo largo de todo el escenario. Dejé así caer mi cuerpo al profundo mar.
Ella me miró. Esbozó una sonrisa y se arrojó en mi búsqueda. Me tomó furiosa entre sus brazos.

Tomó aire, se serenó con éste, y momentos más tarde, me sentó en el mismo lugar de siempre. Observándola a ella contemplándome, entendí que nunca podría dejar de jugar su juego, porque inconscientemente sabía que jamás podría escaparme, que ella iría a mi encuentro, que me tomaría entre sus brazos al lanzarme al profundo mar, y que sin pronunciar palabra me demostraría lo dolida que estaba con mi escape. Yo sabía que no lograría hacerlo. Yo no dejaría de jugar. Hoy deduzco que eso también fue parte del juego. Que nunca dejé de jugar.
Esta Es la pimera Entrega un pco hecha a los apurones pero espero que les guste...
Una vez por semana voy a actualizar este blog...
Proxima entrega... To be or not to Be... Existir o n oExistir... En el cyberespacio...